Comer en familia: Un hábito gratificante

Comer en familia: Un hábito gratificante

El desarrollo emocional de un adulto depende en gran marcaje de la crianza que haya tenido en su seno familiar. Las prácticas que deben enseñar sus padres son el detalle que logrará estabilidad mental en esta persona. Parte de esta formación radica en el estilo de hábitos que habría tenido durante esa cotidianidad en su infancia.

Una actividad que tiene especial importancia en este proceso es el de comer en familia. Sentarse a comer con tus seres queridos otorga sensaciones de bienestar en el hogar construyendo lazos de seguridad importantes en el individuo.

¡Beneficios!

1.- Mejora en las relaciones y la salud emocional: las familias son más unidas cuando comparten a diario el ritual de comer juntos. Los niños que vienen de familias en las que comparten las comidas tienen más probabilidad de estar emocionalmente contentos y tener buenas relaciones con sus compañeros. Con el tiempo, estos niños se esfuerzan más en el trabajo escolar, tienen mejor comunicación con sus padres y disfrutan de tener estrechos vínculos familiares.

2.- La comida en familia mejora el aprendizaje: los niños que comen con la familia han mejorado sus vocabularios y destrezas de lectura. El tiempo que comparten juntos en la mesa les da la oportunidad de tener conversaciones importantes. Es el momento de contar historias y compartir experiencias y también de aprender destrezas sociales tales como el comportamiento en la mesa y el saber tomar turnos.

3.- Los que comen con sus familias demuestran menos comportamientos arriesgados: los adolescentes que comen con la familia cinco o más veces por semana tienen menos probabilidades de consumir drogas, deprimirse o meterse en problemas.

La estabilidad que puede proporcionar este sencillo hábito influencia de manera sustancial en el ser que se esté criando. Así que no dejes de hacerlo nunca en tu hogar, como cabecilla de tu hermosa familia llevar el ejemplo con esta actividad te traerá grandes satisfacciones y orgullo.

Fuente: ww.cchp.ucsf.edu


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